El arte de saborear el vino

Un vino tranquilo, un vino con un toque afrutado, un vino con un tono violeta, un vino con un aroma a madera, un vino con un final salado, un vino con una textura de terciopelo, un vino tornasolado, un vino joven… En fin, un vino para ser degustado.

Se comienza comprobando la temperatura, luego se descorcha, se sirve en la copa y empieza la función. Se acerca la copa a la nariz aspirando su olor,  Se le hace bailar para poder apreciar todas sus tonalidades, se vuelve a oler para captar sus aromas… Y por fin se cata, primero con un sorbo, luego con un trago más largo para satisfacer quizás la sed o quizás el deseo de saborearlo.

¿Y cómo saber? ¿Cómo diferenciar la copa apropiada? ¿Cómo adivinar cuál es el plato que debe acompañarlo? ¿En qué momento puedes decir que eres un sumiller?

En este mundo en el que vivimos cada vez somos más exigentes, sabemos más (o eso creemos), al cliente ya no le basta con que el caldo con el que va a acompañar una celebración, o únicamente una  conversación agradable sea “bueno”. Tal vez debamos enseñar a nuestros paladares y a los ajenos a apreciar el vino, ya que en el conocimiento esta su riqueza.

Laura Moya Torvisco

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