En esta ocasión hemos querido hablaros del azúcar, ese alimento del cual nos es casi imposible escapar, ya que como dice el refrán “a nadie le amarga un dulce”, y además, a la mayoría de nosotros nos encanta… Pero cada vez más frecuentemente oímos que el azúcar es perjudicial para nuestra salud,  y que tenemos que reducirlo,  ¿pero cuánto? Y sobre todo ¿cómo? Bueno, ahí vamos…

En primer lugar habría que definir claramente a qué tipo de azúcares nos referimos. Podríamos clasificarlos de la siguiente forma, unos son los azúcares libres (los que son añadidos a los alimentos por las industrias, cocineros o consumidores, así como los azúcares presentes de forma natural en la miel, jarabes, jugos de fruta y concentrados de jugo de fruta). Y los otros, son los azúcares intrínsecos, que son los que se encuentran  en las frutas y las verduras enteras frescas.

Según la Organización Mundial de la Salud, no hay pruebas que nos demuestren que los azúcares intrínsecos tengan efectos adversos para la salud, por lo que todos los estudios y recomendaciones se basan en los azúcares libres. Los datos muestran, en primer lugar, que los adultos que consumen menos azúcares libres  tienen menor peso corporal y, en segundo lugar, que el aumento de la cantidad de azúcares en la dieta va asociado a un aumento comparable del peso.  Además, las investigaciones evidencian que los niños con los niveles más altos de consumo de bebidas azucaradas tienen más probabilidades de padecer sobrepeso u obesidad que aquellos con un bajo nivel de consumo de este tipo de bebidas.

Teniendo esto en cuenta, la nueva directriz recomienda reducir al menos al 10% el consumo de azúcares libres de la ingesta calórica total, y menciona además, que reduciéndolo al 5% obtendríamos beneficios adicionales.

Esto quiere decir, que si un adulto medio debe consumir unas 2000 kcal al día, lo ideal sería que su consumo de azúcares libres fuera de cómo máximo de 50 gramos al día (ya que para obtener el valor en calorías de los azúcares hay que multiplicarlos por cuatro). Esto en principio, no parece difícil, el problema viene cuando nos damos cuenta de que no estamos hablando sólo del azúcar que nos tomamos con el café.

Muchos alimentos de los que consumimos a diario tienen azúcares añadidos, por poneros un ejemplo, si nos bebiéramos una lata de Coca-Cola estaríamos ingiriendo 35 gramos de azúcar… O sea, que si ese mismo día nos tomamos un par de cafés a los que les añadimos 2 ó 3 cucharaditas de azúcar, ¡¡¡ya nos hemos pasado!!! Y no digamos ya si en el desayuno nos comemos unas cuantas galletas tipo María…

El quid de la cuestión está en saber qué alimentos contienen demasiados azúcares y cuáles no. Y no estoy hablando de cuánto azúcar contienen los caramelos, chocolates y dulces (que todos sabemos que de eso hay que comer poquito), si no que encontramos azúcares en alimentos que en principio no deberían tenerlos por su naturaleza. Como por ejemplo la salsa de tomate, el caldo de pollo  los zumos o néctares de frutas.

¿Y esto dónde se mira? Pues en el apartado de información nutricional de las etiquetas de los alimentos:

Espero que este artículo os haya ayudado a entender al menos cómo podemos mejorar nuestra dieta, más teniendo en cuenta en la época que está por venir, ya que tenemos las navidades con sus turrones, polvorones y comilonas a la vuelta de la esquina.

¡Qué tengáis un dulce día!

 

Laura Moya

 

 

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